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Prejuicios y epilepsia
La epilepsia, conocida desde hace miles de años, está todavía ligada a muchas falsas creencias que no hacen más que entorpecer y perjudicar a quien la padece. Esto puede provocar el aislamiento y la marginación. A diferencia de lo que sucede con otras enfermedades crónicas, la epilepsia repercute de manera negativa en el paciente, aunque estén libres de crisis.  Esta situación es debida -en parte- a la mala aceptación que tiene en la población, los prejuicios que la rodean y por el desconocimiento de la enfermedad. Hoy día hay gente que todavía piensa que la epilepsia es una enfermedad mental, incurable y que las personas con epilepsia van a verse sometidas a limitaciones académicas, que son pacientes incapaces de estudiar o que no pueden practicar deporte, todo esto conlleva que el paciente adopte actitudes de resignación, oculte la enfermedad y ésto conlleva entre otras cosas a una disminución de la autoestima.
La percepción del estigma y la discriminación social asociada a la epilepsia, baja  autoestima  del paciente o la sobreprotección familiar excesiva. La epilepsia sigue siendo hoy día una enfermedad mal comprendida, que genera miedo, rechazo o temor a quien la padece. Quizás por las manifestaciones clínicas de las crisis, sobre todo de las convulsiones, el paciente suele tener un rechazo, prueba de ello es que los mismos neurólogos recomiendan ocultar la enfermedad. El paciente va a verse casi obligado a tomar medidas aprendidas de resignación que en un gran número de casos conllevan a la disminución de la autoestima, tendencia al aislamiento, síntomas de depresión, que van a influir en la calidad de vida del paciente tanto o más como los efectos de la propia enfermedad. 
Por lo tanto, sería competencia entre todos ( neurólogos, profesores, familiares, los propios pacientes,,, ) colaborar, dar información correcta e intentar que las crisis no sean las 'únicas' a tener en cuenta a la hora de intentar ayudar a integrar a un epiléptico en la sociedad.
El temor de sufrir accidentes en caso de crisis, la ansiedad relacionadas con el desarrollo y la evolución de la enfermedad, la discriminación que conlleva la enfermedad , la sobreprotección por parte de los padres, etc., todo esto puede interferir en la adquisición de autonomía, la madurez acorde con la edad, y la falta del sentido de la responsabilidad, pueden influir en el desarrollo de la personalidad del paciente. De hecho, no es raro encontrar pacientes con  inmadurez personal debido en parte a estos factores.

¿Cuáles son los problemas frecuentes por el entorno de un niño con epilepsia? La actitud y el aspecto del entorno suelen ser modificado por:
- La ignorancia y los prejuicios.
- La desinformación y los mitos que rodean la enfermedad.
- El sentimiento de impotencia ante una crisis.
-Temor de comportamiento inapropiado.


¿Hay otras causas para el comportamiento anormal? Sí! Y son numerosos, lo que explica la necesidad de un análisis multidisciplinar (neurólogos, psicólogos, epileptólogos) y no sólo a la remisión de las crisis. Un crio en edad infantil es poco consciente de la epilesia ( tan solo sabe que necesita una medicación y de hecho no es raro encontrar a adolescentes que carecen de información sobre su propia enfermedad ).  Pero SI es consciente de cuando recibe un trato 'distinto'. Factores como estos van a influir en la psicología de ese chico, por eso es importante no fijarnos sólo en el control de las crisis:
- Experiencias y sentimientos negativos de la enfermedad y la crisis,
- La impresión de no ser "como cualquier otro" y pérdida de autoestima.
- Restricciones o prohibiciones impuestas (y no siempre justificadas) en la vida cotidiana.
- Insuficiente integración en el aula o en el círculo familiar.
- Interacciones familia a menudo causadas por la aparición de la epilepsia, desplazamiento de hermanos para 'proteger y vigilar' al paciente.
- Efectos secundarios de los medicamentos.
- Problemas de desarrollo normal en relación con la edad, etc ...(crisis de la adolescencia).
- Presencia de crisis en el aula. Determinados tipos de crisis, como pueden ser las ausencias o las crisis parciales simples, pueden tener rasgos clínicos tan sutiles que pasan desapercibidas.