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Expectativas familiares
La familia de los epilépticos sufre también las consecuencias de la enfermedad, en especial cuando las epilepsias son muy graves o refractarias al tratamiento. El temor a una caída al suelo, o posibles accidentes hace que deba prestarse una atención adicional al familiar enfermo ( y en algunos casos, 'ignorando' a los hermanos, lo que también va a generar problemas), y ello crea una relación de dependencia, con múltiples efectos degradantes en las relaciones familiares (reducción de la vida social y actividades de ocio o de pareja, agresión, depresión, conflictos familiares, relación amor-odio, oposicionismo, etc). No es raro encontrar padres y familiares que piensan que un epiléptico no podrá llevar una vida normal, no será capaz de estudiar, tener autonomía propia cuando sea mayor o incluso que su capacidad intelectual va  a verse mermada por la enfermedad.
La psicología del adolescente viene mediatizada por la aparición más o menos traumática de la necesidad de afirmar una identidad y una independencia.

En general se admite una sobreprotección que va a generar problemas en un futuro creando una disminución de la autoestima, síntomas de depresión y problemas emocionales que van a repercutir en la psicología del paciente.    Lo que conlleva a una dependencia de los mismos, y ésta a un aislamiento del mundo social,  aparece baja autoestima al creerse el epiléptico incapaz de tener una autonomía propia, constituyendo frenos para al desarrollo afectivo.
La sobreprotección que surge en la infancia y perdura en la adolescencia puede provocar  una inmadurez psicológica o desarrollo emocional no correspondiente a la edad cronológica del sujeto.
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Quizás uno de los factores que más influye son los trastornos psicológicos asociados,  aun en el siglo  XXI, sigue existiendo aversión a la enfermedad, lo que hace que padres y pacientes rechazen la enfermedad.
Con los avances de la medicina y la cirugía controlar las crisis es relativamente fácil, pero sigue habiendo un vacio en el aspecto psicológico del paciente. Lo cierto es que se suele dar demasiada importancia a las crisis y se olvidan factores que en plena adolescencia pueden afectar mucho más,  por ejemplo el sentirse rechazado por la enfermedad. Es necesario preguntarse cuales son las preocupaciones de ese joven y no centrarse únicamente en las crisis.
Se ha estigmatizado tanto la epilepisa, que hoy día en algunos países se la considera una enfermedad multidisciplinar,  dónde el objetivo no es sólo encontrar el control de las crisis, sino intentar integrar a ese joven en la sociedad.

 

   
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