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Impredicibilidad de las crisis

Si hay algo especialmente sensible en la epilepsia es  la impredicibilidad de las crisis.
Las crisis pueden aparecer en cualquier  momento y en cualquier lugar, por tanto el adolescente puede  sentir que no tiene control sobre su propia vida.
Pueden aparecer delante de los amigos, en clase, en situaciones que pueden ser comprometidas (por ejemplo delante del novio/a) y las manifestaciones clínicas de las crisis (sobre todo de las convulsiones  que puede haber descontrol de esfínteres) pueden empeorar la situación.


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Afortunadamente el acceso a la información es mas fácil, pero no es raro encontrar jóvenes que no conocen a otros epilépticos y no saben cómo explicar que tienen epilepsia o incluso dudan si deben o no decirlo por el rechazo que les puede suponer.  No cabe duda que muchas veces, todo lo que rodea a la enfermedad condiciona más al adolescente que la propia enfermedad.  Y lo cierto, es que puede ser una situación difícil.
A ello se añade la sobreprotección de la familia.
No es raro encontrar adolescentes que aun teniendo la epilepsia controlada,  no reciben  un trato igual  a los hermamos, por ejemplo en los horarios de llegada a casa (aun teniendo edades similares),  en general hay una vigilancia excesiva  y  la responsabilidad externa sobre el cumplimiento de la prescripción farmacológica, por ejemplo llamarle cuando está fuera para comprobar si se ha tomado la medicación o en el momento que se retrasa media hora estar llamándole por si acaso ha tenido una crisis.


O las restricciones de no hacer actividades o quedarse solo por miedo a tener una crisis. Un epiléptico  puede tener crisis en el cine, en clase, viajando,  en la calle, jugando al fútbol, estas actividades NO son 'factores desencadenantes de crisis'  y el prohibir actividades por miedo a tener una crisis, o bien por haber tenido una y pensar que era la causa de la misma, no hace más beneficio que empeorar aun más la situación.

El adolescente no participa en  las decisiones que le afectan directamente, por tanto no tiene la  capacidad de determinar su futuro. La sensación es la de que haga lo que haga va a ocurrir lo mismo; en  ocasiones es posible que el adolescente se niegue a hacerse mayor, bien porque no sabe desenvolverse en determinadas situaciones, o porque no le interesa hacerse mayor.   Y tampoco es raro que por iniciativa propia se intente abandonar la medicación (con el riesgo que conlleva). 
   
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