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Embarazo y epilepsia

El embarazo debería planificarse conjuntamente con el neurólogo, idealmente al menos 6 meses antes del mismo. De esta manera, se intenta reducir la dosis de fármacos antiepilépticos (o incluso retirarla), cambiar de fármacos, y  adaptarlo a un esquema lo más seguro posible ya que la mayoría de malformaciones o efectos adversos sobre el feto ocurren antes de las primeras seis semanas de gestación.

La mujer debe acudir a su neurólogo para que revise el tratamiento y lo adapte a un esquema lo más seguro posible ya que la mayoría de malformaciones o efectos adversos sobre el feto ocurren antes de las primeras seis semanas de gestación. Por tanto, cuando una mujer se queda embarazada de forma inesperada casi siempre los cambios que se pueden hacer del tratamiento llegan tarde. En cuanto a la ocurrencia de crisis durante el embarazo, solo las crisis generalizadas tónicoclónicas que ocurren durante el primer trimestre se han relacionado con compliciones del embarazo.Se debe comenzar tratamiento con ácido fólico antes de quedar embarazada, para prevenir la espína bífida en el feto. Las crisis focales en general no producen ningún tipo de efecto perjucial sobre el feto.

Las pautas generales recomendadas son: si es posible retirar todo el tratamiento durante el embarazo, lo cual en la práctica es factible en un número muy pequeño de mujeres en las que la enfermedad lleva controlada mucho tiempo y consideramos que existe un riesgo muy bajo de recaída. La situación más habitual es simplificar el tratamiento dejándolo en un único medicamento a la dosis más baja posible y sustituyendo si es necesario medicamentos con riesgo conocido alto por otros más seguros.
Para poder descartar posibles malformaciones, se recomienda control de la alfa-fetoproteína en sangre entre las semanas 14-16 y controles ecográficos de alta resolución.  En casos necesarios, puede ser necesaria una amniocentesis. Se recomienda asimismo que los controles con el neurólogo sean al menos trimestrales, para poder controlar los niveles plasmáticos de los fármacos (que suelen variar a lo largo del embarazo, principalmente en el tercer trimestre), las crisis y la posible aparición de efectos secundarios.

Aquellas pacientes que estén en tratamiento con fármacos inductores precisan suplementos de vitamina K durante el último mes de embarazo.

No existe actualmente un fármaco antiepiléptico que haya demostrado ser más seguro que otro durante el embarazo. El fármaco ideal es aquél que mejor controla las crisis de la paciente sin efctos secundarios.

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