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La epilepsia hoy día sigue generando rechazo y temor. En ocasiones los factores externos como pueden ser el rechazo en clase por parte de los compañeros ( y de la sociedad en general ), factores como el prohibir a un chaval realizar alguna actividad por el miedo a la aparición de las crisis va a afectar al desarrollo y autoestima de ese joven; incluso factores que pueden comenzar en casa como es la sobreprotección o trastornos unas veces consecuencia de la propia enfermedad y otras añadidos, como pueden ser baja autoestima, verte o creerte inferior a los demás, van a influir en el paciente, en su maduración personal y en el aprendizaje, más que la propia enfermedad.
En general los niños (sobre todo a edades mas tempranas) son poco conscientes que tienen una enfermedad, tan solo saben lo que les cuentan. En ocasiones van a adoptar conductas poco positivas como es fingir crisis, o el aislamiento, sobre todo cuando se dan cuenta que es un método para obtener lo que desean o para llamar la atención. Y es que no es fácil asimilar una enfermedad sin conocer mucho sobre la misma. De hecho, no es raro llegar a la adolescencia con escasa información sobre la epilepsia ( habría que preguntarse porqué sucede esto).
La epilepsia no solo se reduce 'a las crisis'. Se la ha magnificado tanto, que va a costar tiempo convertirla en lo que es: una enfermedad como cualquier otra. Citando al Dr. Tallis: "El niño epiléptico no es una epilepsia, es un ser que puede tener las mismas dificultades de aprendizaje que cualquier otro niño, y que muchas veces se adjudica a la enfermedad causas que deben ubicarse en otros aspectos del individuo, del contexto familiar o sociocultural y de la relación de estos con la institución escolar".
Los crios pasan mucho tiempo en las escuelas. Y quizás por eso, los profesores deben conocer la enfermedad y el aspecto psico-afectivo de ese chico. Ese chico, debe integrarse en clase, los compañeros deben tener información acorde a la edad, y es tarea de todos: médicos, pacientes, padres, profesores intentar que la falta de información y el rechazo que provoca la epilepsia, deje de ser un problema.
Tener epilepsia no es sinónimo de tener retraso mental. En la mayoría de los casos, un paciente con epilepsia va a poder estudiar como cualquier otro. En ocasiones pueden surgir dificultades en el aprendizaje, debidas a factores neurológicos o factores externos como la marginación, falta de motivación, disminución de la autoestima, o posiblemente por la suma de ambas causas. Tan solo una minoría de las epilepsias ( síndrome de West, Síndrome de Dravet, etc., ) que son epilepsias muy graves van a ir acompañadas con retrasos que pueden variar de unos crios a otros y requerir educación especial. Es cierto que en ocasiones, debido sobre todo a la medicación, el paciente puede estar más somnoliento en clase, pero es un problema que se puede solucionar con un poco de esfuerzo: sentándolo delante para que se distraiga menos, repitiéndole la misma explicación varias veces, o simplemente gastando más tiempo con el/ella enseñándole a estudiar.
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